3/12/14

POSTPARTO

Este es un post de desahogo. Os aviso de antemano para que estéis a tiempo de cerrar la página si no os apetece leer lamentos...

En el puerperio de los mellizos solo lloré tres veces: a la mañana siguiente de nacer mis hijos cuando había dejado de tenerlos dentro de mí y tampoco los tenía conmigo en la habitación, el día del alta de A porqué nos dejábamos a X en el hospital por tiempo indeterminado, y el día anterior al alta de X cuando un pediatra que no conocía de nada a mi hija decidió que igual no le daban el alta porqué estaba muy blanquita y seguro que tenía anemia.

En este puerperio estoy llorando cada dos por tres. ¿Os preguntais por qué? Es cierto que esta vez no he pasado por nada parecido al anterior puerperio, pero me siento fatal millones de veces.

Los mellizos solo tienen 27 meses, aun son bebés que necesitan mucho a su madre, a la que han tenido disponible las 24h del día los dos meses antes de parir porqué estaba de baja. Y de golpe aparece N y le tengo que dedicar muchísimo tiempo más que a ellos.

Para nada le tienen manía. Al contrario, se desviven por él. A la que le oyen llorar nos avisan, le intentan poner el chupete, vienen corriendo a decirme que quiere teta, le hacen un montón de mimos, le llenan de besos... Están tan por él que incluso se agobia.

Pero me necesitan. Por la mañana me despierto oyendo como le gritan llorando a su padre que él no (no quieren que les vista), la mama sí. Entonces aparezco yo y hacen las mil y una para alargar el tiempo de vestirse.

Por las tardes me llaman y hacen cosas que saben que están mal, avisándome, para que les llame la atención, aunque sea el papi el que tenga al bebé y yo ya esté jugando con ellos.

Pero quién peor lo lleva de los dos es X. Ella es la que ha estado más vinculada a mí desde siempre. Era una niña que en la guarde siempre estaba riendo, jugando y saltando. Ahora también lo hace pero a partir de la hora de comer, cuando se acuerda de mí, decae y se pone triste.

Intento ir a buscarles dos veces por semana, pasar el mayor tiempo posible con ellos y sin N encima para que se den cuenta que estoy solo por ellos, pero de golpe N llora y quiere pecho, y son ellos mismos los que me dicen que debo atenderle, pero dejan de lado lo que estaban haciendo y empieza la guerra de rabietas por cualquier motivo.

Cada vez que me encuentro delante de uno de esos momentos se me cae el mundo encima. La semana pasada liaron una tan grande cenando que para no gritarles ni ponerme a llorar en la mesa me fui a cenar sentada en el suelo de la cocina y llorando mientras oía como mi hija gritaba mama... A lo mejor debería haberme quedado en el salón, pero no podía más. X llevaba toda la tarde igual, gritando y llorando por todo y yo no podía más.

Sé que su edad, los terribles dos, no ayudan en este trance, que pronto se acostumbrarán a la nueva dinámica familiar y todo fluirá mejor, y que mis hormonas revolucionadas tampoco son de ayuda.

No soy una mala madre, ni pretendo ser una super woman, solo quiero convencerme a mí misma de que lo estoy haciendo lo mejor que sé y puedo y que en breve mis hijos, y sobretodo mi hija, volverán a ser esos niños felices y risueños que les hacen monadas a todo el que les pasa por delante.