10/7/15

INFERTILIDAD

Antes de abordar el tema quiero decir que a mí la palabra infertilidad no me gusta.

No me gusta porque muchas veces se usa para dar un diagnóstico que en realidad no dice que no puedas tener hijos, sino que tienes problemas para concebir pero con un poco de ayuda puedes lograrlo.

Que algo te cueste no quiere decir que no seas capaz de hacerlo, así que si os encontráis con una carrera de obstáculos pensad en la meta y no en las vallas que haya que saltar por el camino.

Para nosotros, lograr el embarazo de los mellizos supuso un año, con diferentes actuaciones antes de alcanzar la doble meta.

Antes de empezar la búsqueda ta sabía que era probable que nos costase un poco porque estaba diagnosticada de SOP (síndrome del ovario poliquístico), y tenía ciertos retrasos en la regla, pero tenía la esperanza de que diez años tomando pastillas hubiesen puesto a mis hormonas un poco en su sitio.

Pero no, nada más lejos de la realidad. Pasó todo lo contrario y aun tenía las hormonas más revueltas...

Por suerte, sin buscarlo, caí en manos de una ginecóloga experta en fertilidad que decidió que quería verme a los tres meses de anunciarle que acababa de dejar las pastillas para buscar un bebé, si no conseguía el embarazo.

Y allí volví a los tres meses, porque no, no había habido suerte y lo único que había hecho es llorar al aparecer la de rojo después de tres semanas de retraso.

Analítica exahustiva, control ecográfico y siguiente paso: probar una estimulación de la ovulación con citrato de clomifeno (Omifin si hablamos de marcas), e inducción de la ovulación con coriogonadotropina alfa, cuya marca más conocida es el Ovitrelle, porque a ver quién tiene narices de acordarse del nombrecito...

Este tratamiento consiste en tomar una pastilla de Omifin durante cinco días a partir del tercer día del ciclo menstrual.

Sobre el día 10 del ciclo sigues un control ecográfico para ver como van creciendo los folículos de los ovarios, y cuando tienen un tamaño concreto la ginecóloga te dice que te pinches (sí, sí, pincharse una misma) el Ovitrelle para que se liberen los óvulos y tengas relaciones cuatro días seguidos.

Podéis pensar que menuda juerga cuatro días seguidos dale que te pego, pero os aseguro que una cosa es hacerlo porque surge y otra porque toca.

A partir de la ovulación hay que ponerse progesterona hasta que llega la regla o consigues el positivo en el test de embarazo.

Así estuvimos tres ciclos, aumentando la dosis de Omifin y nada, ni llegábamos a hacernos los tests de embarazo.

Ahí la gine decidió comprobar la calidad espermática del futuro padre darnos su opinión sobre qué camino tomar después.

Tres seminogramas diferentes con tres resultados distintos: teratozoospermia, oligoastenoteratozoospermia y astenoteratozoospermia.

Traducido para los mortales no médicos:
  • Terato: mala morfología
  • Oligo: poca cantidad
  • Asteno: poca movilidad
Lo que se repetía en todos los resultados era la mala morfología, que no está demostrado que implique no que pueda fecundar, pero lo complica. Pero el problema era que nos encontrábamos con un "esperma cambiante", lo que quiere decir que un día la muestra puede estar bien y al siguiente fatal.

El siguiente paso era decidir si probar con inseminación artificial (IA) o fecundación in vitro (FIV), y visto que contábamos con el problemilla del esperma cambiante nos decidimos por la FIV, por si seguíamos todo el tratamiento de la IA y llegado el día nos encontrábamos con una muestra mala.

El ciclo de FIV para una mujer es un coñazo tostón. Cada día durante 10-15 días tienes que inyectarte las dosis de hormonas artificiales que te indica la gine ( Gonal, Puregon...), y para funcionen tienes que pincharte cada día a la misma hora.

La dosis de medicación y la combinación de fármacos te la van ajustando según como ven que reaccionas los ovarios mediante control ecográfico. Y además también te hacen analíticas para comprobar los niveles de estradiol en sangre.

Cuando lo ven todo a punto te pinchas el Ovitrelle y pasas por quirófano, donde te sedan y mientras duermes una buena siesta te aspiran todos los óvulos que has generado.

En mi caso acabé con hiperestimulación y me sacaron 22 óvulos, de los cuáles 12 eran maduros. Luego, en un laboratorio juntan óvulos y esperma, debidamente escogidos, y al día siguiente te dicen cuántos han fecundado.

De nuestros 12 se fecundaron 11, pero "solo" 9 siguieron evolucionando.

Dos días después vuelves a la clínica, te bebés medio litro de agua y te implantan los dos embriones de mejor calidad (implantación de embriones frescos). El resto de embriones los congelan por si los necesitas más adelante.

A partir de ahí empieza la beta-espera... Ese período de impaciencia, poniéndote progesterona por un tubo, en el que estás atenta a cualquier posible cambio en tu cuerpo. Cambios que no llegan y que el día de la analítica acaban confirmando lo que ya sabías; que esos embriones tan bonitos no han querido quedarse contigo.

Te recuperas rápido del tropezón y empiezas con la Meriestra y la progesterona (medicamentos para un ciclo con embriones congelados) para preparar tu cuerpo para tus frigobebés.

Te confirman que han descongelado dos embriones y evolucionan bien, así que vuelves a la clínica donde te implantan dos blastocitos (embriones de 5 días) y tú empiezas a hablarles para convencerles de que después de haber pasado por un congelador, que mejor que quedarse calentitos en el vientre de mamá.

Esta vez la beta-espera te pilla en navidades, estás menos pendiente de tu cuerpo, disfrutas de tu entorno sin pensar si ésto es bueno o aquello malo, y decides que te harás un test de embarazo la tarde anterior a la Beta por si da negativo llorar a tus anchas en casa y que no te dé el bajón en la oficina y te tengas que esconder en el baño.

Recuerdo exactamente el día que me hice el test de embarazo y la beta.

El test de embarazo me lo hice el día 2 de enero de 2012 por la tarde al volver de la oficina. Quería esperarme a que mi chico también estuviese en casa pero tenía muchísimas ganas de hacer pipí y no puede aguantar. A los cinco segundo aparecieron las dos rayitas muy marcadas. Simplemente saltamos de alegría y nos fundimos en un gran abrazo cuando le enseñé el test.

El 3 de enero a las 8 en punto de la mañana estaba en el consultorio de análisis clínicos, pero esta vez la mar de tranquila, ya tenía mi positivo y me dejé pinchar con una gran sonrisa.

El subidón más grande llegó comentando el resultado de la Beta con la ginecóloga. Había dado 912 y ella ya estaba convencida de que los dos frigobebés habían decidido quedarse.

El camino había sido duro, pero lo habíamos logrado.

3 comentarios:

  1. ¡Qué bonita historia con un final inmejorable! :) :) :)

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    1. Fíjate, que ya te había comentado y yo sin saber que pasaría por el Ovitrelle también... jejejej ¡Qué curiosa es la vida!

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