8/1/16

Abuelas y abuelos

Como algunos sabéis, estas fiestas he perdido a mi última abuela, y la que era más especial para mí.

Quise con locura a mis dos abuelos y mis dos abuelas, pero tengo que reconocer que siempre tuve especial predilección por mis abuelos maternos. Puede que porqué viví en su casa durante tres años, porque comí allí cada día de la semana durante quinze años o porqué fueron una parte vital en mi crianza.

Mi abuelo materno fue el primero en dejarme, y mi relación con él era tan intensa que se atrevió a decirme que si la ley lo permitiese me habría pedido que le ayudase a saltar por la ventana cuando tan mal lo estaba pasando en su último mes de vida.

Él fue quien me enseñó a nadar, a ir en bici, quién me llevaba al parque cada día, con quién dormía la siesta en el sillón, con quién compartía unos cacahuetes antes de cenar, quién siempre creyó que llegaría lejos y defendía ante los de su generación que su nieta iba a realizar mejor que nadie ese trabajo que decían que era de chicos, quién me animó a buscar mi propio piso...

Mi abuela materna me crió mientras mi madre trabajaba, me llevaba y recogía de la guardería, cocinaba cada día platos al gusto de todos los que acudíamos a comer, me explicaba un cuento o cantaba una canción antes para dormirme, me enseñó el valor que tienen las cosas hechas a mano y más aun si las hace una misma, siempre se preocupó de buscar un regalo especial para mi cumpleaños (nunca olvidaré el ramo con quinze rosas blancas para mis quinze años, o el cuadro con una foto de recién nacida y otra de mis 18 años con un escrito de su puño y letra)...

Mis abuelos paternos también fueron muy buenos conmigo, pero no me conocían tanto y no me dejaban volar a mi aire. Estaban más anclados en el pasado. Pero aun así les agradezco y agradeceré siempre lo bien que lo pasaba esos meses de verano con ellos y la estima que me hicieron cogerle a mi querido pueblo.

Ayer, ayudando a limpiar a mi madre en casa de mi abuela encontramos una carta que debió escribir en algún momento de lucidez antes de llevarla al hospital de paliativos. Una carta en la que expresaba su voluntad en el momento que llegase el final, en la que se despedía de todos y dedicaba una post data especialmente a sus nietos.

Nos pedía que sigamos juntos como hasta ahora, y que si es necesario ayudemos a nuestro primo pequeño (tiene una enfermedad mental a la que los médicos no saben ponerle nombre). Nos decía que juntos sabremos ayudarle.

Desde aquí, abuela, sólo puedo decirte que puedes estar tranquila. Siempre estaremos juntos, porqué el abuelo y tú supisteis enseñarnos el gran valor que tiene la familia.

A mis cuatro abuelos:



PD: dejad que vuestros padres y suegros disfruten con sus nietos, porqué ese amor puede mover montañas.