7/12/16

Mi hijo se disfraza de princesa, ¿y qué?

Hace un par de días compartí todo lo que pude esta "Guía" de Feminista Ilustrada, tanto en mis redes sociales personales como las del blog, y en todos los grupos de whatsapp que pude.



Por suerte en la gran mayoría los mensajes al respecto fueron muy positivos y se siguió compartiendo dicha ilustración, que de paso os animo a difundir porqué es la mejor manera que he encontrado de explicar que los juguetes no son de niños o niñas, que no se deben diferenciar por género.

Pero (siempre hay un pero), en uno de los grupos de whatsapp saltó el debate. Primero parecía que iba a ir bien porqué los primeros comentarios iban en la línea "hay que dejar que los niños escojan", sin embargo el enfoque de una pareja integrante del grupo cambió bastante cuando se habló de que si un niño (varón) quiere disfrazarse de princesa hay que dejar que lo haga y que no hay nada malo en ello.

La primera reacción fue que eso era un tema más complejo y que él, el padre de dos niños, no iba a fomentar juegos así (el que defendía hacía tres minutos que era normal que el niño jugase con la cocinita porqué él mismo cocina), porqué no es normal que un niño pretenda jugar a cambiar de "género" y que a eso se le llama transvestirse y quienes lo sufren lo pasan mal y no sólo de niños sino toda la vida.

Os podéis imaginar el poema en el que se convirtió mi cara... No voy a meterme en cómo eduque esa pareja sus dos hijos, porque no lo he hecho en otros encontronazos que hemos tenido y no lo haré ahora. Pero lo que sí que hice esta vez es intentar explicar en qué consiste el juego simbólico, de imitación e imaginación, que es en lo que se basa jugar con disfraces, en convertirse en su personaje favorito durante un rato, copiar a los adultos en su día a día, imitarles en su manera de vestir, etc.

Les expliqué que si un niño ve una película de Disney, en que la protagonista es una princesa y luego se quiere disfrazar de princesa, no es que quiera convertirse en niña, es que quiere convertirse durante un rato en ESA princesa. Igual que si le da por disfrazarse de perro porqué le gusta la Patrulla Canina, no es que psicológicamente piense que es un perro, es que le gusta el personaje.

¿Se entiende mi razonamiento? Pues ellos no lo entendieron...

Puse el ejemplo del género contrario. En Cataluña la leyenda de Sant Jordi es una tradición, y a todos los niños y niñas les encanta la historia. En esta casa les gusta tanto que tenemos muchas versiones del cuento y con disfraces de cuando yo era pequeña, se visten de los personajes e interpretan el cuento. Mi hija normalmente está encantada de ser la princesa, pero alguna vez también quiere ser Sant Jordi y matar ella al dragón.

Mi hija es de lo más cuqui y presumida que se pueda encontrar (todo lo contrario a mí), y no veo nada raro en que de vez en cuando quiera disfrazarse del Caballero Sant Jordi, hombre machote que se carga a dragones y salva princesas. Y mira por dónde, la pareja en cuestión eso tampoco lo vio raro, porqué Sant Jordi es muy importante y es normal que también quiera ser la protagonista de la historia de alguna vez.

¿Qué diferencia hay entre que un niño quiera disfrazarse de Elsa y que una niña quiera disfrazarse de Sant Jordi? Yo no veo ninguna...

Les pasé el enlace del post de Criando 24/7 sobre beneficios y fundamentos de disfrazarse de lo que quieran, y lo único con lo que se quedaron de este post completísimo y lleno de referencias interesantísimas fue que "puede ser un válvula de escape para que el niño se muestre tal como es, y que eso es síntoma de que es diferente", citado textualmente y a lo que respondí que no le veía el problema porqué no hay nada malo en mostrarse tal como es uno mismo.

Por mucho que yo argumentase que no hay nada malo en dejar que se disfracen de lo que les de la real gana, su postura seguía igual.

Cuando pasamos a hablar de que cuando X quiere pintarse las uñas, los dos niños también quieren y que no veo nada malo en ello y se las pinto también, pasé a recibir el siguiente whatsapp, que fue un ataque directo a mi manera de criar:


(Traducción: pues yo no veo tan normal pintarse las uñas en un niño. 
Pero si tú lo promocionas también fuerzas a que haya
una relación madre-hijo y conseguir tu atención).

Que manía de juzgar sin saber, porqué lo que no sabe es que cuando mi hija me pide que le pinte las uñas o quiere pintarse los labios, primero intento distraerla y no hacerlo, y si no lo consigo lo que le explico es que una persona no es más guapa por pintarse o ponerse un vestido, sino que hay que fijarse en como de bonita es una persona por cómo es y por cómo trata al todo el mundo a su alrededor, que debemos respetar a todo el mundo tal como es.

En fin, que le dije que mejor lo dejábamos, que hacía rato que hablábamos de cosas distintas y que lo único que le pedía es que si algún día ve a mis hijos con las uñas pintadas que se abstenga de hacer ningún comentario al respecto.

Por suerte las mentalidades cambian, los padres reflexionan, y se educa hacía el respeto a la mujer y la diversidad.

Os dejo los enlaces a dos entradas, escritas por hombres, que he leído esta semana y me han gustado mucho: Vivimos en un Macromachismo, de Papás Blogueros, y ¿Por qué elijo educar a mis hijos varones en el feminismo?, de Bebés Y Más.

Y no podía acabar el post sin añadir una de las imágenes de la campaña de Navidad del Ayuntamiento de Barcelona, que como la del año pasado, me ha encantado.



Recordad, los juguetes no son sexistas, los niños y niñas tampoco lo son. Quienes los hacen sexistas son los adultos y está en nuestra mano que eso cambie.


5 comentarios:

  1. A veces parece que nos chocamos contra la pared, pero estoy convencida de que nuestro esfuerzo por criar con respeto y sin estereotipos, al final servirá para que muchos adultos reflexionen y se unan a la causa, donde los máximos beneficiarios son nuestros hijos e hijas y un gran objetivo: conseguir anular esos preconceptos anacrónicos, sin fundamento y sexistas.

    Un abrazo y muchas gracias por la mención :)

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    1. Seguiremos luchando por mejorar las cosas.

      Gracias a ti por pasarme el enlace el otro día.

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  2. Me ha gustado mucho tu postrabajo. Yo tengo 2 varones de 3 años y medio y también se disfrazan de princesas cuando van a casa de sus primas, y se han pintado los labios y el colorete, han tenido carritos de bebé y alguna muñeca y jamás se nos ha pasado nada por la cabeza que no fuera el juego de imitación tan sano y que tanto les aporta. Cada uno que eduque a sus hijos en la línea que que considere pero respetemos a los niñ@sims, porque no son otra cosa que eso, lo demás está en la cabeza del adulto.

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    1. A veces no nos damos cuenta de qué los niños nacen sin prejucios, y que los estereotipos, topicazos y roles sexistas quiénes se los metemos en la cabeza somos los adultos.
      Muchas gracias por tus palabras Lorena.

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  3. Hola!!
    Bueno, pues tengo que decir que pienso lo mismo que tu. Justamente, el otro día vi la foto pululando por instagram y por facebook y empecé a hacer un post muy parecido al tuyo. Al final lo he retocado y te he añadido porque me gusta mucho tu reflexión.
    Para mi, es lo que dices al final, ni los juguetes ni los niños son sexistas, esos somos nosotros los adultos.
    Yo tengo que lidiar con una abuela que solo quiere vestir a la niña de princesa y le quiere comprar mil muñecas. Mi hija también juega con camiones y le encanta estar con su primo y jugar a tirarse encima de su avi, siempre que están juntos.
    En fin.... siempre tenemos que oír cosas que nos chirrian en los oídos, sin ir más lejos, como explico en el post. El día que nuestro sobrino pidió una muñeca de Elsa y se la compramos no pasó nada, pero en el momento en que dijo que quería disfrazarse de Elsa, fue la hecatombe en su casa, pues su padre, sobre todo, se negó en rotundo a que lo hiciera y nos prohibió comprarle el disfraz al niño.
    En fin... qué más se puede decir?

    MUAS!

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