2/10/17

La violencia nunca puede ser la respuesta

Este entrada no va de política, ni de independencia, ni de Sí o de No.

Esta entrada va de lo que vivimos mucha gente ayer, y de cómo he intentado responder a las preguntas de mis hijos.

No me gusta hablar de política, básicamente porqué cada persona la vive a su manera, unas informadas como si hiciesen una tesis doctoral sobre el tema y otras simplemente por cómo les cae de simpático el representante del partido en cuestión, y entre esas posturas hay otras muchas, todas respetables.

El día de ayer, para mí, era un día de defender derechos. Derecho a opinar y expresarme, derecho a reunirme y derecho a voto.

No tenía pensado a qué hora levantarme, pero mi cuerpo decidió a las 5 en punto de la madrugada que era hora de hacerlo. No sé cómo ni porqué pasó, pero a las 5 abrí los ojos.

Mandé mensajes a personas que se habían quedado a dormir en el colegio donde debía votar y me dijeron que había mucha gente para defenderlo si pretendían cerrar las puertas.

Entonces me preparé un café, me vestí, puse agua en la cantimplora y decidí despertar a mi marido y decirle que me iba a la puerta del colegio de mis hijos, el colegio en el que yo misma pasé 12 años de mi vida, y dónde vota una gran parte de mi barrio.

Poco antes de las 6 estaba en la puerta, y ya éramos más de cien personas. Llovía, pero teníamos clara una cosa, de allí no nos movían hasta que hubiésemos votado y esos votos se hubiesen contado.

A las 6 de la mañana estábamos allí gente de lo más variopinta (igual que durante toda la jornada). Desde monitores de Cau muy jóvenes, a jubilados, pasando por gente de 30-40 años como yo.

Había desayuno para quién llevaba desde antes de las 5 allí, el trabajador de una cafetería cercana trajo pastas y una señora mayor un bizcocho. La gente se organizaba para ir a tomar un café o simplemente ir al baño y que siempre hubiese personas suficientes cubriendo la puerta del colegio.

No explicaré cómo llegaron las urnas y las papeletas, sólo diré que fue poco antes de las 7h.

Antes de las 8h llegaron los Mossos d'Esquadra. Ya éramos más de 200 las personas que nos cogimos de los brazos formando un muro ante la puerta cuando se acercaron, pidieron hablar con un interlocutor, levantaron acta y describiendo que había demasiada gente reunida y no podían hacer nada, levantaron acta y se situaron en la esquina de enfrente, donde pasarían las siguientes ocho horas preparados para actuar si algo pasaba.

Se constituyeron las mesas electorales entre gente a la que le había llegado la notificación y los primeros de la cola para votar.

Fuera nos organizamos para hacer cola, que pasasen primero los ancianos, personas con deficiencias, embarazadas y gente con criaturas, y entrábamos de 15 en 15, mientras otros hacíamos mínimo tres filas de cordón (que se convertían en séis o siete cuando había avisos de que podía venir la Policía Nacional o la Guardia Civil) para proteger la puerta.

Había problemas informáticos para poder conectar con el censo universal, y hasta que no se solucionaron no se abrió la escuela. Mientras el sistema estaba caído, sólo se permitía votar a los censados en ese colegio.

Fuera todo estaba tranquilo, pero nos llegaban imágenes y mensajes de lo que pasaba en otros colegios, y la tensión y el miedo a que viniesen estaba ahí. Tanto, que en uno de los avisos de que estaban en un colegio dos calles más arriba, cuando nos juntamos para crear un bloque humano, una señora tuvo un ataque de ansiedad y se la tuvieron que llevar en ambulancia.

Me pasé más de once horas delante del colegio. Sentía miedo y tristeza por las noticias que me llegaban, y a la vez miraba a mi alrededor y sentía orgullo y felicidad de pertenecer a una población pacífica y organizada que defendía sus derechos pacíficamente.

Sobre las 15h pasaron siete furgones de la Policía Nacional a más velocidad de la que tocaba por nuestro lado. Hubo gritos de "Votarem", y cuando algunos quisieron clamar "In-inde-independencia" se les hizo callar. Ese no era el mensaje, el mensaje era defender el derecho a voto.

Tenía al lado a una señora de 74 años, cogida de mi brazo, que me contó que hacía mes y medio le habían quitado cinco pequeños tumores del estómago, que siempre había sido socialista y que marcó la casilla del No, pero que de joven había corrido delante de los grises y no pensaba dejar que nosotros retrocedamos 50 años en el tiempo y perdamos los derechos por los que su generación luchó.

No pude resistirlo, se me escaparon dos lágrimas de emoción y ella con una sonrisa y su mano me las secó.

Hubo un momento que ya me dolía todo y me vine a casa para hacer relevo con mi marido. Le tocaba a él defender los votos del barrio hasta que estuvieran contados.

Antes de las 21h recibí el mensaje de que estaban contados y los datos transmitidos. Respiré y me emocioné viendo el vídeo que me mandó en el que se veía a más de 500 personas clamando "Hem Votat".

En casa le puse dibujos a los peques en la tele para yo poder ver las noticias en el portátil. No podía creer toda la violencia que repartían Nacionales y Guardia Civil contra gente pacífica, que ejercía resistencia pacífica. Porrazos sin sentido, dedos rotos, ataques a ancianos, golpes a gente que socorría heridos... Quién niegue que sucedió es que tiene los ojos vendados y no quiere hacer caer la venda.

No lo había vivido en primera persona, pero me podría haber pasado a mí.

Hay cientos de vídeos en los que se ve a la Policía pegando a gente pacífica, contra tres vídeos de personas agrediendo policías. Condeno todas estas situaciones de violencia, TODAS.

Al final, los peques vieron alguno de los vídeos de las cargas policiales, y X me preguntó porqué pegaba la policía.

Mi respuesta: Creo que no han entendido bien lo que ponía en una carta que les mandaron y que explicaba que debían hacer, y se han equivocado. No os preocupéis, si tenéis un problema alguna vez seguid confiando en la policía. Lo de hoy seguro que sólo es un error y espero que pidan perdón a las personas que han pegado.

No quiero que le tengan miedo a la policía ni que los hechos generen odio en los más pequeños.

Desde aquí quiero transmitir mi agradecimiento a los Mossos, Policía Local y Bomberos que defendieron a la gente que queríamos ejercer nuestro derecho a voto.

Gracias a los Nacionales y Guardia Civil, que seguro que hay algunos, que midieron sus actuaciones y no cargaron contra la gente pacífica.

Y gracias a toda la población que se volcó en pro de la defensa de los derechos fundamentales.



PD: los mensajes escritos bajo el respeto, aunque sean contrarios a mi manera de pensar, son bienvenidos. Pero borraré cualquier comentario ofensivo o despectivo.

El respeto es la base para el diálogo y el entendimiento.